Komunischt Kapitalischt

15 febrero 2009 § 1 comentario

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No somos dueños de nada, más bien, somos las propiedades de alguien. Nos dicen que tenemos la libertad de consumir, la libertad de poseer; pero en realidad nuestra libertad se reduce a producir más o menos, para que luego el fruto de nuestro trabajo sea devorado igualmente por las fauces del gran estado-corporación. Tienes un pedazo de tierra, un mísero vehículo, un negocio, a tus puertas golpeara el verdugo disfrazado de recaudador de impuestos. ¿Como puede ser algo propiedad si tienes que pagar para seguir poseyéndolo? Lo único que somos es esclavos recluidos en sus respectivos feudos; inventarios del estado inexistente debidamente etiquetados y numerados para su mejor administración. La única función de los tributos es mantener el empobrecimiento general, hacer más pobres a los pobres y más juiciosos a los ricos; mientras la bestia burocrática se fortalece a costa de la debilidad de todos; somos como las vacas que son ordeñadas y a las que luego les cobran también por la leche.

El dinero está ahí, no para ponerle precio a las cosas; sino para medir y cuantificar tu propio tiempo, tu eres la verdadera moneda el estado.

¿Y quién es el estado sino solo el maquiavélico instrumento instituido para legalizar nuestra esclavitud? Una entidad abstracta creada para darle apariencia de naturalidad a lo artificial: la reunión de millones de seres humanos en un superorganismo, una colectividad de hormigas; siendo que el ser humano evolucionó durante milenios como miembro de pequeños grupos, si es un ser social por naturaleza, lo es, pero no de más de un reducido número de miembros unidos por parentesco o cercanía, a la manera de los lobos; nunca de un abstracto ente llamado humanidad.

Nunca habrá un estado sin esclavos, tal como nunca habrá una colonia de abejas sin reina.retrophotonnmru_spain_1_9

Hipotecando el futuro

3 diciembre 2008 § 8 comentarios

Farras, Hajira, Kong y Carlos son cuatro niños menores de 12 años de otras tantas esquinas del mundo esclavizados por un trabajo que no les pertenece. Son eslabones de una cadena de más de 220 millones de niños explotados y cautivos de su trabajo. Inocencias interrumpidas por una globalización que viola con descaro e impunidad sus derechos más fundamentales. La que sigue es una historia global, más gráfica que estadística, que encadena sus infancias robadas para remover conciencias saturadas y herir susceptibilidades adultas.

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“Stop Child Labour”. fuente « Leer el resto de esta entrada »

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