Software aboslutamente Libre

25 noviembre 2010 § 1 comentario

GNU & The Free Software Foundation

Engineering Tech Talk at Google

Richard Stallman
June 11, 2004

1. Introduction

ED: Well, thank you everybody for making it. I’m Ed Falk and this man needs very little introduction; if you don’t know what the letters RMS stand for, you probably don’t belong in this room.

Richard was the founder of the Free Software Foundation, in 1984 I believe it was, and as such could be considered the father of free software and, of course, Google’s infrastructure is based on free software. So we owe the free software movement quite a great deal of thanks. [And my mic is dying on this microphone so I won’t talk too long.] This is Richard Stallman and we thank him for being here on short notice and we thank our mutual friend Lile Elam who arranged all of this and I think with no further ado, I give you Richard!

[Richard bows]

2. How it started

RICHARD: Please raise your hands if you cannot hear me. [Laughter] Yes, somebody raised his hand.

So, the topic of my speech is free software. I didn’t begin free software; there was free software going back to the early days of computing. As soon as there were a couple of computers of the same model, people could try sharing software. And they did.

{This is not… This has a problem. How do we stop the feedback? Can someone do anything? I’m willing to get some feedback, but only from you, not from the PA system.

AUDIENCE: [unintelligible]

RICHARD: Well, that doesn’t matter; I’m not an advocate of open source and never was and never will be.}

So free software existed before I started programming and I had the good fortune, in the 1970s, of being part of a community of programmers who shared software. So I learned about free software as a way of life, by living it. And I came to appreciate what it meant to be free to share with people, not divided from the rest of the world by attitudes of secrecy and hostility.

But that community died in the early ’80s and I found myself confronted by the prospect of spending the rest of my life in a world of proprietary software. And, worst of all, confronted by the prospect of signing a non-disclosure agreement {which I}. And I had concluded that it is unethical to sign a non-disclosure agreement for generally useful technical information, such as software. To promise not to share with one’s fellows is a violation of human solidarity. So when I saw that the machine downstairs was asking me to sign an NDA, I just said, “I can’t sign an NDA.” Well, fortunately, there was an option; they let me come in here and speak without signing it, otherwise you would have had to go outside to listen. [Laughter]

(They asked a couple of other interesting questions; they asked about company, so I said I’m available tonight. [Looking at name tag][Laughter] And they asked for my host, so I put down fencepost.gnu.org. But that’s just the hacker spirit.)

So I found myself in a situation where the only way you could get a modern computer and start to use it was to sign a non-disclosure agreement for some proprietary operating system. Because all the operating systems for modern computers in 1983 were proprietary, and there was no lawful way to get a copy of those operating systems without signing a non-disclosure agreement, which was unethical. So I decided to try to do something about it, to try to change that situation. And the only way I could think of to change it was to write another operating system, and then say as the author “this system is free; you can have it without a non-disclosure agreement and you’re welcome to redistribute it to other people. You’re welcome to study how it works. You’re welcome to change it.” So, instead of being divided and helpless, the users of this system would live in freedom. Ordinary proprietary software is part of a scheme where users are deliberately kept divided and helpless. The program comes with a license that says you’re forbidden to share it, and in most cases you can’t get the source code, so you can’t study it or change it. It may even have malicious features and you can’t tell. With free software, we respect the user’s freedom, and that’s the whole point. The reason for the free software movement is so that the people of cyberspace can have freedom, so that there is a way to live in freedom and still use a computer, to avoid being kept divided and helpless. « Leer el resto de esta entrada »

Todo parece bonito…

3 noviembre 2010 § Deja un comentario

Néstor y lo que se viene

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Por Mempo Giardinelli

Escribo esto en caliente, en la misma mañana de la muerte anunciada de Néstor Kirchner, y ojalá me equivoque. Pero siento dolor y miedo y necesito expresarlo.

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Pienso que estos días van a ser feísimos, con un carnaval de hipocresía en el Congreso, ya van a ver. Los muertos políticos van a estar ahí con sus jetas impertérritas. Los resucitados de gobiernos anteriores. Los lameculos profesionales que ahora se dicen “disidentes”. Los frívolos y los garcas que a diario dibujan Rudy y Dani. Todos ellos y ellas. Caras de plástico, de hierro fundido, de caca endurecida. Aplaudidos secretamente por los que ya están emitiendo mailes de alegría feroz.
Los veremos en la tele, los veo ya en este mediodía soleado que aquí en el Chaco, al menos, resplandece como para una mejor causa.
Nunca fui kirchnerista. Nunca vi a Néstor en persona, jamás estuve en un mismo lugar con él. Ni siquiera lo voté en 2003. Y se lo dije la única vez que me llamó por teléfono para pedirme que aceptara ser embajador argentino en Cuba.
Siempre dije y escribí que no me gustaba su estilo medio cachafaz, esa informalidad provocadora que lo caracterizaba. Su manera tan peronista de hacer política juntando agua clara y aceite usado y viscoso.
Pero lo fui respetando a medida que, con un poder que no tenía, tomaba velozmente medidas que la Argentina necesitaba y casi todos veníamos pidiendo a gritos. Y que enumero ahora, porque en el futuro inmediato me parece que tendremos que subrayar estos recuentos para marcar diferencias. Fue él, o su gobierno, y ahora el de Cristina:
– El que cambió la política pública de derechos humanos en la Argentina. Nada menos. Ahora algunos dicen estar “hartos” del asunto, como otros criticaron siempre que era una política más declarativa que otra cosa. Pero Néstor lo hizo: lo empezó y fue consecuente. Y así se ganó el respeto de millones.
– El que cambió la Corte Suprema de Justicia, y no importa si después la Corte no ha sabido cambiar a la Justicia argentina.
– El que abrió los archivos de los servicios secretos y con ello reorientó el juicio por los atentados sufridos por la comunidad judía en los ’90.
– El que recuperó el control público del Correo, de Aguas, de Aerolíneas.
– El que impulsó y logró la nulidad de las leyes que impedían conocer la verdad y castigar a los culpables del genocidio.
– El que cambió nuestra política exterior terminando con las claudicantes relaciones carnales y otras payasadas.
– El que dispuso una consecuente y progresista política educativa como no tuvimos por décadas, y el que cambió la infame Ley Federal de Educación menemista por la actual, que es democrática e inclusiva.
– El que empezó a cambiar la política hacia los maestros y los jubilados, que por muchos años fueron los dos sectores salarialmente más atrasados del país.
– El que cambió radicalmente la política de defensa, de manera que ahora este país empieza a tener unas Fuerzas Armadas diferentes, democráticas y sometidas al poder político por primera vez en su historia.
– El que inició una gestión plural en la cultura, que ahora abarca todo el país y no sólo la ciudad de Buenos Aires.
– El que comenzó la primera reforma fiscal en décadas, a la que todavía le falta mucho pero hoy permite recaudaciones record.
– El que renegoció la deuda externa y terminó con la estúpida dictadura del FMI. Y por primera vez maneja el Banco Central con una política nacional y con record de divisas.
– El que liquidó el infame negocio de las AFJP y recuperó para el Estado la previsión social.
– El que con la nueva ley de medios empezó a limitar el poder absoluto de la dictadura periodística privada que todavía distorsiona la cabeza de millones de compatriotas.
– El que impulsó la ley de matrimonio igualitario y mantiene una política antidiscriminatoria como jamás tuvimos.
– El que gestionó un crecimiento económico de los más altos del mundo, con recuperación industrial evidente, estabilidad de casi una década y disminución del desempleo. Y va por más, porque se acerca la nueva legislación de entidades bancarias, que terminará un día de éstos con las herencias de Martínez de Hoz y de Cavallo.
Néstor lo hizo. Junto a Cristina, que lo sigue haciendo. Con innumerables errores, desde ya. Con metidas de pata, corruptelas y turbiedades varias y algunas muy irritantes, funcionarios impresentables, cierta belicosidad inútil y lo que se quiera reprocharles, todo eso que a muchos como yo nos dificulta declararnos kirchneristas, o nos lo impide.
Pero sólo los miserables olvidan que la corrupción en la Argentina es connatural desde que la reinventaron los mil veces malditos dictadores y el riojano ídem.
De manera que sin justificarle ni un centavo mal habido a nadie, en esta hora hay que recordarle a la nación toda que nadie, pero nadie, y ningún presidente desde por lo menos Juan Perón entre el ’46 y el ’55, produjo tantos y tan profundos cambios positivos en y para la vida nacional.
A ver si alguien puede decir lo contrario.
De manera que menudos méritos los de este flaco bizco, desfachatado, contradictorio y de caminar ladeado, como el de los pingüinos.
Sí, escribo esto adolorido y con miedo, en esta jodida mañana de sol, y desolado también, como millones de argentinos, un poco por este hombre que Estela de Carlotto acaba de definir como “indispensable” y otro poco por nosotros, por nuestro amado y pobrecito país.
Y redoblo mi ruego de que Cristina se cuide, y la cuidemos. Se nos viene encima un año tremendo, con las jaurías sedientas y capaces de cualquier cosa por recuperar el miserable poder que tuvieron y perdieron gracias a quienes ellos llamaron despreciativamente “Los K” y nosotros, los argentinos de a pie, los ciudadanos y ciudadanas que no comemos masitas envenenadas por la prensa y la tele del sistema mediático privado, probablemente y en adelante los recordaremos como “Néstor y Cristina, los que cambiaron la Argentina”.
Descanse en paz, Néstor Kirchner, con todos sus errores, defectos y miserias si las tuvo, pero sobre todo con sus enormes aciertos. Y aguante Cristina. Que no está sola.
Y los demás, nosotros, a apechugar. ¿O acaso hemos hecho otra cosa en nuestras vidas y en este país?

¿Dónde estoy?

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